Aún recuerdo

Posted by Penya Jandrista GFC On 13:16:00 0 comentarios

Aún recuerdo

por Gerard Bellera

Aún recuerdo aquel 19 de abril de 2014. Aún recuerdo aquella tarde gris y huérfana, deambulando sin rumbo por Barcelona. Fue un sábado horrible de la jornada 35, aún lo recuerdo. Recuerdo impotencia, frustración, desánimo, rabia, indignación y ganas de mandarlo todo a la mierda. Últimos, jodidos y a cuatro puntos de la salvación que, petrificados en una silla azulgrana tras la bofetada, nos parecieron algo así como escalar un "ochomil".

Recuerdo el optimismo antes del partido, porque veníamos en racha. Tras siete jornadas en el pozo, en la última habíamos dejado de ser el farolillo. Recuerdo a un equipo serio, alejado del perfil "monigote" que adoptó durante toda la temporada. Lo recuerdo perfectamente.

Y recuerdo que fue como volver a una huelga de hambre tras siete días de banquete. Fue como regresar a la cárcel tras una semana con la libertad condicional. Fue casi el final de la esperanza y el inicio de la destrucción. Fue un apagón en el Mini Estadi, donde no hubo electricista que lo resolviera. Aún lo recuerdo.

Aún recuerdo un centro desde la banda izquierda de Juncà y un remate de primeras de Ortuño que nos ponía por delante. Esa jugada patentada que, a final de año, nos salvó de milagro. Aún lo recuerdo, lo teníamos de cara hasta el minuto 65, y allí todo empezó a venir de culo.

Y no se crean que no recuerdo como Dongou se tiró a la piscina para engañar al personal. Minutos después, recuerdo perfectamente una zancadilla a Ortuño que pasó desapercibida. ¿Lo recuerdan?

Pero si hay algo que mantengo en mi retina, fue el dichoso final. ¡Cómo para no recordarlo! Munir El Haddadi la clavó en la escuadra en el minuto 87 y nos cortó el cuello de un zapatazo. Aún recuerdo al marroquí en dirección al banderín en cabeza de diez hombres felices. Aún recuerdo el delirio para ellos y la depresión para nosotros.


Aún te recuerdo, Eusebio Sacristán. Aún recuerdo como tú y tu cuerpo técnico pasasteis del hieratismo egipcio que os caracteriza a la batucada brasileña en tan solo un segundo. Si se me concediera un deseo semanal, no te quepa ninguna duda cual hubiera pedido para ésta: verte sentado en la misma silla donde últimamente se te subían a las barbas.

Y, de esa tarde aciaga, aún recuerdo un puñetazo de impotencia del capitán con fisura incluida en la mano en alguna pared de cemento. Aún recuerdo la fe de todos y cada uno de los jugadores a pesar del mazazo. Y, por si fuera poco, recuerdo la última derrota en Montilivi. Un episodio injusto y cruel ante el mismo rival que coronó a Alen Halilovic como la octava maravilla por un fin de semana.

Escucha: recuerdo todos y cada uno de los momentos en los que nos jodieron. Y el destino, travieso pero a la vez solidario, nos presenta una ocasión para que el hombre se tome venganza. Con un sueño que perseguir y un asunto pendiente que saldar, hay motivos suficientes como para salir a morir. En la grada y en el campo, solo se trata de recordar que el Norte no olvida. 

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